"Aparentemente cada realidad se rige con nociones a escalas diferentes"
Victorino Zecchetto
100
Él era tal vez, un eco de disconformidad. Alguien sincero, en cuyas palabras, podía confiar. Pude verme reflejada en cada frase que escribía.
Él estaba ahi, en esa oscura habitación, mirandome con ojos vidriosos, con una mezcla de incertidumbre y encanto propio de un caballero como él. Yacía allí, parado, inmóvil. Vestido de siglo dieciseis, con su saco, y un pañuelo sobre la camisa, me recordaba tantas cosas. Lo sentía cercano, casi familiar. Pero con otro tipo de afecto, algo tan extraño, que tal vez con palabras no podría explicar.
Él era John Donne, de gran presencia, con una mirada explosiva, que denotaba una particular personalidad. Me seguía mirando, y yo, buscando las palabras más apropiadas, me acerqué mirandolo, pero sin ver. Había algo, algo extraño que me atraía hacia él, como un imán. Ss, sos mi escritor, favorito, tartamudeé, de veverdad te digo, no es adulación lo mío. Me miró tan duramente, que me creí condenada a muerte por mi comentario. No sonrío ni hizo mueca alguna, simplemente se dispuso a espetarme de pies a cabeza. Me sentí como sapo de otro pozo, de algún pozo en el cual no era bienvenida. Sentate, me dijo. Como niño en dirección, me senté esperando alguna sentencia, algo, una palabra, dos, una frase.
Que yo he estado casado con tu madre, y que ahora no hay nada que me una a ella, excepto tú. Hoy a la noche cenaremos todos juntos, tu y tus hermanas, y un par de individuos de la Isla.
Esta bién, solo pude decir.
La Isla era pequeña, poblada por turistas empedernidos. Era una especie de construcción homogénea, en donde habían desde parques de diversiones para adultos, piscinas populares, grandes salones sociales, hasta una discoteca, y museos de música y arte plástico.
Esa tarde me dediqué a disfrutar de la isla con mis más allegados amigos, pasamos buen tiempo en la piscina de toboganes monumentales. Sólo habia una regla en la isla, y era, no existen las reglas. Por lo que no era extraño ver a la gente desnuda, en el agua, corriendo por los pasillos, teniendo relaciones en las esquinas de los lugares donde no habia mucha luz.
Me llamó la atención más que nada la actitud de mis amigas, lejos de ser la actitud típica de ellas, estaban casi poseídas por el libre albedrío que se vivia en ese lugar.
Cayo el sol, y la sensación de ansiedad fue incrementando. El momento de afrontar a mi madre y a su antiguo amante (quien habia resultado ser mi padre) estaba por llegar. Era curioso saber que, a pesar del nivel de gravedad de la noticia, estaba un tanto serena. Como la tranquilidad antes de una tormenta.
Allí estabamos, todos sentados en una mesa larga. Él sentado a mi lado, mi madre sentada a una persona de distancia mío. Al lado de él una hermosa chica de cabellos largos y rubios, y un poco más alla mis hermanas.
Cenamos sin mucho tema de conversación, hasta que mi madre se dignó a abrir la boca. Me contó, que el amor habia rondado ante ellos muy temprano, y que en un error cayeron al casarse tan jovenes. Que él era mi padre, y que por temas de trabajo tuvo que irse muy lejos, y no pudo volver.
La cara de John era de piedra, no tenía gesto alguno, ni indicios de mover sus músculos para hablar. Yo sentia tantas cosas juntas, que fue imposible empezar por algo. Se dijeron algunas cosas más, a las cuales no presté mucha atención. Sólo veía como él y la chica rubia se miraban tan fogozamente, se sacaban chispas. Entonces él se paró, le estiró la mano para que élla la tomase, y juntos caminaron hacia la cocina, carente de luz. Pasaron cuarenta y siete pulsaciones mías, hasta que de un solo movimiento me paré. Ya vengo, murmuré.
Seguí los pasos que habían hecho, y que alcanze a ver. Y luego al entrar, me quedé muy quieta para escuchar algun sonido que me guiase al lugar que habian arrivado después de allí. Un rechine de puerta los denunció. Sigilosamente me acerqué al lugar. No estaba muy ubicada, debido a que no conocía en su totalidad, la mansión en la que John vivía.
Me acerqué lo suficiente, como para escuchar con precisión los sonidos que sus gargantes producían. Me imaginaba. El fuego no hace otra cosa que quemar, y ellos habían empezado a arderse, justo en la cena que yo presenciaba.
Un sentimiento de repulsión cruzó todo mi cuerpo hasta instalarse en mi estómago, escoria en su máxima expresión se apoderó de mi, hasta el punto de sentir la bilis en mi esófago. La puerta estaba entreabierta, y de adentro de la habitación, salía luz, tenue. Podía ver las siluetas de sus cuerpos, moviendose tan despacio, que iban a un ritmo casi armonioso. Era como estar viendo una película. Con el detalle, de que al que estaba viendo en realidad era mi padre. Pero en un momento, ví algo que me hizo un nudo en la garganta.
Él metió un alambre, muy fino, con algo en la punta, algo como una tarjeta muy pequeña, en su oreja.. y ella, a su vez se quejó, pero todo duró un microsegundo.
Luego siguieron haciendo el amor. Y, después de unos minutos, la explosión de su cuerpo, hizo que ambos lo dieran por acabado. En ese mismo momento, empecé paso a paso a alejarme de ese lugar, y regresar al asiento que tenía designado en la mesa en donde cenábamos.
Puse una expresión de serenidad, y retome mi comida. Mi madre me miró, pero no encontró nada en mi rostro que la alarmara. A los pocos minutos, apareció la rubia, de no muchos años, y luego, el señor de las poesías.
Terminamos la comida como si nada hubiera pasado, y en menos de lo que canta un gallo, ya nos estabamos yendo a la habitación de huespedes que nos habian ofrecido.
El sueño se me hizo imposible. Pero de tanto pensar, caí rendida. A la mañana siguiente, me desperté muy tranquila, y tomé lo que habia pasado el día anterior, como una sucesión de situaciones que no me incumbían. Caminé por los corredores, casi perdida, hasta que escuche a dos personas discutir, mire por el rabillo de la puerta, la rubia hablaba casi a gritos, desesperada, diciendo que ella no quiso contar nada, y que por el contrario alguien le habia preguntado y no tenía más remedio que hablar. Él tenía su rostro pétreo, sin expresión, pero con los ojos seguramente la estaba juzgando. Se acercó a ella, la miro como si mirara un cuadro en una pared y de pronto metio la mano en su oido, y le quito un alambre, muy finito, como un cable de cobre, y perdió el equilibrio, y cayo en el piso desplomada. No se como habrá sido mi expresión, pero de alguna manera generé un quejido, que él escuchó. Dio vuelta su cara hacia mi dirección, y yo, sin tener más opción sali corriendo. Rogaba que después de tanto correr, no me haya visto, porque el salio de la habitación y caminó muy muy rapido, para encontrarme, y luego de dar muchisimas vueltas, sali al patio principal, tomé un refresco y me hice la desentendida.
Pasaron las horas, y yo, lejos de estar tranquila, estaba más desesperada que nunca. ¿Qué habia pasado en aquella habitación? ¿Estaba ella muerta? ¿Acaso estaba durmiendo en la casa de un asesino?.
Quise con todas mis fuerzas hablar con mi madre, con alguien, no importaba en realidad quien. Necesitaba contar, eso que habia presenciado, eso que no tenía explicación, que era una aberración, pero también un misterio para mí. Tenía miedo que se enterara si yo contaba algo. Le tenía miedo a él.
Pasé toda esa noche pensando, con los ojos abiertos, y con el miedo a la oscuridad circundante a mi cama, tenía terror a que su cara apareciese cerca de mi cara con esa expresión lúgubre en su rostro.
Me dormí, y esa noche soñe con la situación que habia presenciado el dia anterior, pero en vez de la chica rubia, era mi madre.
Me desperté con una sensación de incertidumbre, me costó dos o tres segundos, diferenciar el sueño de la realidad, y darme cuenta que el sueño , fue un sueño.
Me levanté, y me dirigí automáticamente a la habitación en la que mi madre dormía, estaba respondiendo a un miedo en parte absurdo, y en parte obvio, por lo sucedido con esa joven mujer, el día anterior.
[.........]
pasó un día y ya no me produce nada el recuerdo de ese sueño..
por lo tanto lo olvidé.
Él estaba ahi, en esa oscura habitación, mirandome con ojos vidriosos, con una mezcla de incertidumbre y encanto propio de un caballero como él. Yacía allí, parado, inmóvil. Vestido de siglo dieciseis, con su saco, y un pañuelo sobre la camisa, me recordaba tantas cosas. Lo sentía cercano, casi familiar. Pero con otro tipo de afecto, algo tan extraño, que tal vez con palabras no podría explicar.
Él era John Donne, de gran presencia, con una mirada explosiva, que denotaba una particular personalidad. Me seguía mirando, y yo, buscando las palabras más apropiadas, me acerqué mirandolo, pero sin ver. Había algo, algo extraño que me atraía hacia él, como un imán. Ss, sos mi escritor, favorito, tartamudeé, de veverdad te digo, no es adulación lo mío. Me miró tan duramente, que me creí condenada a muerte por mi comentario. No sonrío ni hizo mueca alguna, simplemente se dispuso a espetarme de pies a cabeza. Me sentí como sapo de otro pozo, de algún pozo en el cual no era bienvenida. Sentate, me dijo. Como niño en dirección, me senté esperando alguna sentencia, algo, una palabra, dos, una frase.
Que yo he estado casado con tu madre, y que ahora no hay nada que me una a ella, excepto tú. Hoy a la noche cenaremos todos juntos, tu y tus hermanas, y un par de individuos de la Isla.
Esta bién, solo pude decir.
La Isla era pequeña, poblada por turistas empedernidos. Era una especie de construcción homogénea, en donde habían desde parques de diversiones para adultos, piscinas populares, grandes salones sociales, hasta una discoteca, y museos de música y arte plástico.
Esa tarde me dediqué a disfrutar de la isla con mis más allegados amigos, pasamos buen tiempo en la piscina de toboganes monumentales. Sólo habia una regla en la isla, y era, no existen las reglas. Por lo que no era extraño ver a la gente desnuda, en el agua, corriendo por los pasillos, teniendo relaciones en las esquinas de los lugares donde no habia mucha luz.
Me llamó la atención más que nada la actitud de mis amigas, lejos de ser la actitud típica de ellas, estaban casi poseídas por el libre albedrío que se vivia en ese lugar.
Cayo el sol, y la sensación de ansiedad fue incrementando. El momento de afrontar a mi madre y a su antiguo amante (quien habia resultado ser mi padre) estaba por llegar. Era curioso saber que, a pesar del nivel de gravedad de la noticia, estaba un tanto serena. Como la tranquilidad antes de una tormenta.
Allí estabamos, todos sentados en una mesa larga. Él sentado a mi lado, mi madre sentada a una persona de distancia mío. Al lado de él una hermosa chica de cabellos largos y rubios, y un poco más alla mis hermanas.
Cenamos sin mucho tema de conversación, hasta que mi madre se dignó a abrir la boca. Me contó, que el amor habia rondado ante ellos muy temprano, y que en un error cayeron al casarse tan jovenes. Que él era mi padre, y que por temas de trabajo tuvo que irse muy lejos, y no pudo volver.
La cara de John era de piedra, no tenía gesto alguno, ni indicios de mover sus músculos para hablar. Yo sentia tantas cosas juntas, que fue imposible empezar por algo. Se dijeron algunas cosas más, a las cuales no presté mucha atención. Sólo veía como él y la chica rubia se miraban tan fogozamente, se sacaban chispas. Entonces él se paró, le estiró la mano para que élla la tomase, y juntos caminaron hacia la cocina, carente de luz. Pasaron cuarenta y siete pulsaciones mías, hasta que de un solo movimiento me paré. Ya vengo, murmuré.
Seguí los pasos que habían hecho, y que alcanze a ver. Y luego al entrar, me quedé muy quieta para escuchar algun sonido que me guiase al lugar que habian arrivado después de allí. Un rechine de puerta los denunció. Sigilosamente me acerqué al lugar. No estaba muy ubicada, debido a que no conocía en su totalidad, la mansión en la que John vivía.
Me acerqué lo suficiente, como para escuchar con precisión los sonidos que sus gargantes producían. Me imaginaba. El fuego no hace otra cosa que quemar, y ellos habían empezado a arderse, justo en la cena que yo presenciaba.
Un sentimiento de repulsión cruzó todo mi cuerpo hasta instalarse en mi estómago, escoria en su máxima expresión se apoderó de mi, hasta el punto de sentir la bilis en mi esófago. La puerta estaba entreabierta, y de adentro de la habitación, salía luz, tenue. Podía ver las siluetas de sus cuerpos, moviendose tan despacio, que iban a un ritmo casi armonioso. Era como estar viendo una película. Con el detalle, de que al que estaba viendo en realidad era mi padre. Pero en un momento, ví algo que me hizo un nudo en la garganta.
Él metió un alambre, muy fino, con algo en la punta, algo como una tarjeta muy pequeña, en su oreja.. y ella, a su vez se quejó, pero todo duró un microsegundo.
Luego siguieron haciendo el amor. Y, después de unos minutos, la explosión de su cuerpo, hizo que ambos lo dieran por acabado. En ese mismo momento, empecé paso a paso a alejarme de ese lugar, y regresar al asiento que tenía designado en la mesa en donde cenábamos.
Puse una expresión de serenidad, y retome mi comida. Mi madre me miró, pero no encontró nada en mi rostro que la alarmara. A los pocos minutos, apareció la rubia, de no muchos años, y luego, el señor de las poesías.
Terminamos la comida como si nada hubiera pasado, y en menos de lo que canta un gallo, ya nos estabamos yendo a la habitación de huespedes que nos habian ofrecido.
El sueño se me hizo imposible. Pero de tanto pensar, caí rendida. A la mañana siguiente, me desperté muy tranquila, y tomé lo que habia pasado el día anterior, como una sucesión de situaciones que no me incumbían. Caminé por los corredores, casi perdida, hasta que escuche a dos personas discutir, mire por el rabillo de la puerta, la rubia hablaba casi a gritos, desesperada, diciendo que ella no quiso contar nada, y que por el contrario alguien le habia preguntado y no tenía más remedio que hablar. Él tenía su rostro pétreo, sin expresión, pero con los ojos seguramente la estaba juzgando. Se acercó a ella, la miro como si mirara un cuadro en una pared y de pronto metio la mano en su oido, y le quito un alambre, muy finito, como un cable de cobre, y perdió el equilibrio, y cayo en el piso desplomada. No se como habrá sido mi expresión, pero de alguna manera generé un quejido, que él escuchó. Dio vuelta su cara hacia mi dirección, y yo, sin tener más opción sali corriendo. Rogaba que después de tanto correr, no me haya visto, porque el salio de la habitación y caminó muy muy rapido, para encontrarme, y luego de dar muchisimas vueltas, sali al patio principal, tomé un refresco y me hice la desentendida.
Pasaron las horas, y yo, lejos de estar tranquila, estaba más desesperada que nunca. ¿Qué habia pasado en aquella habitación? ¿Estaba ella muerta? ¿Acaso estaba durmiendo en la casa de un asesino?.
Quise con todas mis fuerzas hablar con mi madre, con alguien, no importaba en realidad quien. Necesitaba contar, eso que habia presenciado, eso que no tenía explicación, que era una aberración, pero también un misterio para mí. Tenía miedo que se enterara si yo contaba algo. Le tenía miedo a él.
Pasé toda esa noche pensando, con los ojos abiertos, y con el miedo a la oscuridad circundante a mi cama, tenía terror a que su cara apareciese cerca de mi cara con esa expresión lúgubre en su rostro.
Me dormí, y esa noche soñe con la situación que habia presenciado el dia anterior, pero en vez de la chica rubia, era mi madre.
Me desperté con una sensación de incertidumbre, me costó dos o tres segundos, diferenciar el sueño de la realidad, y darme cuenta que el sueño , fue un sueño.
Me levanté, y me dirigí automáticamente a la habitación en la que mi madre dormía, estaba respondiendo a un miedo en parte absurdo, y en parte obvio, por lo sucedido con esa joven mujer, el día anterior.
[.........]
pasó un día y ya no me produce nada el recuerdo de ese sueño..
por lo tanto lo olvidé.
a la que es demasiado alegre
monstruo bifasico
De la existencia inmensa, en el más negro abismo
veo, distintamente, los más extraños mundos
y, victima extasiada de mi clarividencia,
arrastro en pos serpientes que mis talones muerden.
Y encuentro un gusto grato al más ácido vino;
y los hechos a veces, se me ocurran patrañas
y por mirar al cielo caigo en pozos profundos.
más la voz me consuela, diciendo:
veo, distintamente, los más extraños mundos
y, victima extasiada de mi clarividencia,
arrastro en pos serpientes que mis talones muerden.
Y encuentro un gusto grato al más ácido vino;
y los hechos a veces, se me ocurran patrañas
y por mirar al cielo caigo en pozos profundos.
más la voz me consuela, diciendo:
Son más bellos los sueños de los locos que los del hombre sabio.

hoy quiero hablar de lo que hasta el alba
me mantiene despierta, el insomnio
como le llaman
un verdugo al cual si vos le decis dejame
él escarba tu cabeza
y saca trapos sucios
y aunque nada
tiene que ver esto con la poesía
lo escribo para dar cuenta
ante cualquier intruso
por que madrugo y me han dicho
que ando con cara de amanecida calavera
Ntonces sí, claro le dije a uno
estuve de baile toda la noche
dandome vueltas en la cama
verás que divertido.
desdefiniendo el arte
El arte verdadero en si, no admite egoismos, ni vanidades
no es el que diran delo que creaste.
si creás algo cuan pequeño sea, tiene que gustarte a vos.
no a los demas
si a los demas le gusta, buenisimo, pero no es lo mas importante
El arte es sentir
no es expresión
la expresión solo sirve para el afuera
y el arte está en el adentro..
el sentimiento, de libertad, de autosuficiencia, de regocijo, de orgullo y de hacer algo que te complementa, eso , eso es arte.
basta con esas definiciones baratas de ¿Qué es el Arte? Volumen I ,II Y III
no existe eso qe dicen
esto en parte es porque me cansé de ver a la gente tratandod e no se , impresionar alos demas..IMPRESIONATE VOS
QUE REGOCIJO MAS GRANDE HAY QUE ESO? nadaaaaaa
no hay nada que te llene mas que tu propio placer.
no es el que diran delo que creaste.
si creás algo cuan pequeño sea, tiene que gustarte a vos.
no a los demas
si a los demas le gusta, buenisimo, pero no es lo mas importante
El arte es sentir
no es expresión
la expresión solo sirve para el afuera
y el arte está en el adentro..
el sentimiento, de libertad, de autosuficiencia, de regocijo, de orgullo y de hacer algo que te complementa, eso , eso es arte.
basta con esas definiciones baratas de ¿Qué es el Arte? Volumen I ,II Y III
no existe eso qe dicen
esto en parte es porque me cansé de ver a la gente tratandod e no se , impresionar alos demas..IMPRESIONATE VOS
QUE REGOCIJO MAS GRANDE HAY QUE ESO? nadaaaaaa
no hay nada que te llene mas que tu propio placer.

Ve y coge una estrella fugaz;
fecunda a la raíz de mandrágora;
dime dónde está el pasado,
o quién hendió la pezuña del diablo;
enséñame a oír cómo canta la sirena,
a apartar el aguijón de la envidia,
y descubre
cual es el viento
que impulsa a una mente honesta.
Si para extrañas visiones naciste,
vete a mirar lo invisible;
diez mil días cabalga, con sus noches,
hasta que los años nieven cabellos blancos sobre ti.
A tu regreso tú me contarás
los extraños prodigios que te acontecieron.
Y jurarás
que en ningún lugar
vive mujer hermosa y verdadera.
Si la encuentras, dímelo,
¡dulce peregrinación sería!
Pero no, porque no iría,
aunque fuera justo al lado;
aunque fiel, al encontrarla,
y hasta al escribir la carta,
sin embargo,
antes que fuera,
infiel con dos, o tres, fuera.
que lo de anoche no te persiga hasta mañana
que el suspenso , no distienda.
que mañana sea el dia que vos quieras
que vos elijas.
Afuera, la gente muere por banalidades
Adentro,
Caliente
y frio a la vez.
el miedo te diluye la piel
te deja vacia.
Una melodia conocida suena
y no podes evitar movilizarte
que el suspenso , no distienda.
que mañana sea el dia que vos quieras
que vos elijas.
Afuera, la gente muere por banalidades
Adentro,
los arboles se mueren de pie
Caliente
y frio a la vez.
el miedo te diluye la piel
te deja vacia.
Una melodia conocida suena
y no podes evitar movilizarte
insensat@
un cuaderno,
un lapiz, y una lapicera.
una lampara y el sonido del calefactor
es de noche pero sueño, no tengo
me duele el cuello e intento escribir
termine un libro, un buen libro de poesias
que me recuerdan muchas cosas
Malditos los gustos personales
que no hacen otra cosa que recordar a los muertos
malditas las biromes que escriben por inercia, tu nombre.
un lapiz, y una lapicera.
una lampara y el sonido del calefactor
es de noche pero sueño, no tengo
me duele el cuello e intento escribir
termine un libro, un buen libro de poesias
que me recuerdan muchas cosas
Malditos los gustos personales
que no hacen otra cosa que recordar a los muertos
malditas las biromes que escriben por inercia, tu nombre.
escarlata
Cargado originalmente por Florencia_Saracco
Mi día empezó con esperanza, y murió con desencanto.
Tardé unos minutos en darme cuenta que le estaba dando demasiado importancia a lo innecesario.
Algo más grande que la vida estaba pasando inadvertido.
Tropezé. Y abri los ojos. Habia un suave llanto en su rostro que me dejaba helada. La volví a mirar. No tenía palabras ante aquella angustia que la destrozaba en mil pedazos. Le acaricie la cara, y sufrí con ella los ultimos momentos de mi visita por aquel lugar.
Y mi hermana se desviste en mi pieza, porque su vida siempre fue un desastre.
No confía ni en ella misma, ni tampoco es de fiar.
No te presta nada y tampoco te ayuda, nunca.
Salvo cuando sabe que algo de vos va a necesitar.
Que feo es vivir calculando ala gente, calculando cuanto de cada persona vas a usar a tu favor. Y peor aún, estar orgullosa de ser así, y sonreir (hinchada de orgullo) cuando te dicen que así sos.
Mi hermana es de esas personas que en tu vida no quisieras cruzarte.
O por lo menos yo no quisiera que lo hagas.
Yo tengo un gran problema con ella, y ese problema, es la sangre.
No confía ni en ella misma, ni tampoco es de fiar.
No te presta nada y tampoco te ayuda, nunca.
Salvo cuando sabe que algo de vos va a necesitar.
Que feo es vivir calculando ala gente, calculando cuanto de cada persona vas a usar a tu favor. Y peor aún, estar orgullosa de ser así, y sonreir (hinchada de orgullo) cuando te dicen que así sos.
Mi hermana es de esas personas que en tu vida no quisieras cruzarte.
O por lo menos yo no quisiera que lo hagas.
Yo tengo un gran problema con ella, y ese problema, es la sangre.
Solo hay una cosa, que de la percepción, no me gusta,
y es
saber que todo lo que vea/escuche/lea me influenciará de una manera tan directa,
como los sumandos son al resultante, o algo así.
Dónde, y en qué medida se encuentra en nosotros la labor creativa.
Es algo que nos condiciona de por vida.
Pero que sin ello no podríamos producir ni el pensamiento.
y es
saber que todo lo que vea/escuche/lea me influenciará de una manera tan directa,
como los sumandos son al resultante, o algo así.
Dónde, y en qué medida se encuentra en nosotros la labor creativa.
Es algo que nos condiciona de por vida.
Pero que sin ello no podríamos producir ni el pensamiento.
anónimos sin renombre
Lo bueno del escrito popular, es que al leerlo no idealizamos lo que leemos, simplemente tomamos de lo leido lo que más nos pertenece.

Tengo un enamoramiento precoz con el desorden.
Con el odio que también esto implica.
¿Es válido reutilizar las palabras ajenas?
¿Es válido hacer las cosas sin un motivo especial? Es válido si, pero no verdadero.
Ya no me están gustando los signos de pregunta.
Por qué contamos los años como si estuvieramos contando experiencia. Si estamos dormidos la mayor parte del tiempo. De nuestra vida, solo vivimos un tercio del tiempo transcurrido. Y el resto, es inercia.
Cuándo fue la última vez que viste en lo ordinario y cotidiano algo precioso. Cuándo fue la última vez que te sentaste a disfrutar el solo hecho de poder respirar, de sentir tu sangre correr por tu cuerpo.
Por qué miramos hacia fuera. Como si en otro lado estuviera la respuesta.
Hoy: ¿Qué puede pasar si uno escucha una vieja canción?
Alguien una vez me dijo que cometer un viejo error es como escuchar una vieja canción..
Se recuerdan situaciones que el día de ayer eran consideradas válidas, pero que el día de hoy, después de un par de años, no son, como antes, tan válidas.
Pasa el tiempo, y las justificaciones ya no sirven para redimirse. Es, más bien, un tema de responsabilidad.
Tomar las deciciones correctas es bastante complejo, y como muchos, no nos tomamos el tiempo necesario para tomarlas.
Entonces, parece díficil, pero decir no, ante una situacion que el pasado te manda para probarte, es bastante correcto. Y no importa cuanto te engatuzen para que digas que si,
juntá fuerzas de donde no tengas, y deci no, no, NO.
Se recuerdan situaciones que el día de ayer eran consideradas válidas, pero que el día de hoy, después de un par de años, no son, como antes, tan válidas.
Pasa el tiempo, y las justificaciones ya no sirven para redimirse. Es, más bien, un tema de responsabilidad.
Tomar las deciciones correctas es bastante complejo, y como muchos, no nos tomamos el tiempo necesario para tomarlas.
Entonces, parece díficil, pero decir no, ante una situacion que el pasado te manda para probarte, es bastante correcto. Y no importa cuanto te engatuzen para que digas que si,
juntá fuerzas de donde no tengas, y deci no, no, NO.
Me fui temprano -me llevé a mi perro-
a visitar el mar.
Las sirenas del sótano
salían a mirarme
y, en el piso de arriba, las fragatas
extendían manos de cáñamo,
creyéndome una rata
encallada en la arena.
No huí, con todo. Hasta que el flujo
me llegó a los zapatos
y al delantal y al cinturón
y enseguida al corpiño,
tal como si intentara devorarme
como a una gota de rocío
en una flor de diente-de-león.
Entonces salí huyendo.
Él me siguió. Venía detrás, cerca.
Sentía su tacón de plata
en mi tobillo y mis zapatos
rebosaron de perlas.
Los dos llegamos hasta el pueblo firme.
No parecía conocer a nadie.
me miró con dureza
y se fue, haciéndome una venia.
Emily Dickinson
a visitar el mar.
Las sirenas del sótano
salían a mirarme
y, en el piso de arriba, las fragatas
extendían manos de cáñamo,
creyéndome una rata
encallada en la arena.
No huí, con todo. Hasta que el flujo
me llegó a los zapatos
y al delantal y al cinturón
y enseguida al corpiño,
tal como si intentara devorarme
como a una gota de rocío
en una flor de diente-de-león.
Entonces salí huyendo.
Él me siguió. Venía detrás, cerca.
Sentía su tacón de plata
en mi tobillo y mis zapatos
rebosaron de perlas.
Los dos llegamos hasta el pueblo firme.
No parecía conocer a nadie.
me miró con dureza
y se fue, haciéndome una venia.
Emily Dickinson

¿Es la dicha un abismo por lo tanto
que no me deja dar un paso en falso
por miedo a que el calzado se me arruine?
Prefiero que mis pies se den el gusto
a cuidar los zapatos-
porque en cualquier zapatería una
puede comprar
un nuevo Par-
Mas la dicha se vende una vez sola.
Perdida la patente
nadie podrá comprarla nunca más-
Díganme, pies, decidan la cuestión
¿debe cruzar la señorita, o no?
¡Expídanse, Zapatos!

Ellos bailaban al compás de los tambores.
Una carga electrica se adueñaba de sus movimientos.
Se dejaban llevar, se dejaban llevar..
Sus pasos acompañaban el ritmo.
Una acción resuelta.
Un momento de magia, se estiraba sobre las tablas.
Una improvisación sublime. Un sonido peculiar.
Y la sensación casi familiar, de ser feliz con pocas cosas.
Cargado originalmente por Florencia_Saracco
Camino por la calle sujeta a un hilo de acero.
Esquivo cuerpos al azar.
Intento mirar sus rostros, pero la inercia me lo impide.
Espero el colectivo, apurada, "para no llegar tarde"
Se me hace tarde igual, y el tiempo, ("maldita daga") sigue corriendo.
Como siempre,
no tiene p ie dad.
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