De la estabilidad al desquicio.

Hastiada del propio pensamiento

Costeando mi carrera hacia el repudio

Me prendiste en llamas y lo que quedaba de mí

Hoy soy cenizas.

Mañana tan solo recuerdos

Cuantas almas descubrirán tu encierro

Cuantos tormentos silenciosos tendrán que pasar

Para darse cuenta que,
no todo lo que brilla es oro.


Y que tus palabras, clandestinas, enloquecen.

Tus días llenaron mis años de coherencia ausente,

Las lágrimas, tu corazón seco.

Regresemos a la alquimia de silencio.

A contemplar la suavidad de las rocas,

que apaciguadas por la corriente, persisten en mi memoria.

De la escoria nacen y se reproducen los deseos, y se retuercen.

Tratando de resistir a tu retórica sublime.

Ansias inequívocas de conseguir un poco de equilibrio,

deseos de perpetuar la estabilidad,

de corregir los desfasajes internos,

y de triunfar en la lucha del olvido.

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